Necesitamos música en vivo



Extrañamos los festivales de música. Mucho. Cada vez que vamos a un festival sentimos energía nueva, vibra distinta que nos recarga para seguir adelante. Está el elemento de estar ahí en el estadio o escenario, cerca de las frecuencias favoritas colindando para formar la música que amas. Las vibraciones están ahí, de la gente y de los instrumentos de los artistas. Es algo mágico que no podemos disfrutar ahora.


¿Cuándo volveremos a tener festivales?


En Marzo fui a mi último festival, el NRMAL 2020. Habían rumores de una potencial pandemia pero la mayoría de las personas no pensaban que tendría el impacto que ha tenido. Nadie lo imaginaba pero el artista principal (Flying Lotus) ese día canceló ante un posible contagio de esta pandemia que no tomábamos en serio. Lo relevó alguien que considero una leyenda, Juana Molina quien fue la última artista que he visto en vivo hacer un performance a un nivel que me llenó de energía, me dio la esperanza de tener espacios como el NRMAL entre muchos otros festivales que venían. Tenía todo el año planeado, regresando de mi viaje a la CDMX, todo se fue cancelando, poco a poco. Decían semanas, se volvieron meses y posteriormente posibles años de ir a un festival.


Los festivales representan algo más que un conglomerado de grupos tocando juntos. Es un movimiento de personas presentando su trabajo de toda la vida. Un performance de su esencia como grupo. Hay algo para todos, para los que buscan nostalgia y para los que buscan algo nuevo. El Corona Capital, Vive Latino, NRMAL entre muchos otros presentan alternativas particulares. Para los que tenían la oportunidad estaban todos los festivales alrededor del mundo. Ofrecen un espacio para recargar la energía, para sentir vibraciones distintas y también te acerca a mundos alternos. Es como entrar a un museo auditivo. Hay algo para todos y festivales para todo tipo de nicho.

La música en vivo fue uno de las primeras víctimas del sector económico del coronavirus ya que se cancelaron los festivales más grandes de nuestros vecinos del norte y en México. Comenzó en marzo, cuando se cancelaron festivales importantes; SXSW, Ultra Music Festival y Coachella. Cuando vimos la cancelación de nuestros festivales y de los más importantes alrededor del mundo surgió la pregunta: ¿Cuándo volveremos a tener festivales como teníamos antes?


¿Estábamos conscientes de lo afortunados que éramos?


El hipotético dice que regresaremos a la normalidad probablemente en cinco años. Siendo honestos, no tenemos idea de cuándo sería y si algún día volveremos a tener esos festivales como antes. No quiero sonar apocalíptico pero por el momento se habla que al menos serán unos años. Esto es algo que nunca pensé decir en mi vida.


Algo que tampoco tenía idea era lo mucho que eran parte de mi identidad estos festivales, para mí y para todos los que amamos la música. Ni siquiera sólo por los festivales en sí, sino por lo que representa para la música, el crecimiento de los festivales en México estaba siendo rápido. Se volvió una escena interesante que era parte de la identidad de muchas personas. Me daba gusto platicar en mi programa de radio acerca de todos los festivales que venían y lo mucho que había crecido lo oferta en la última década.


Esto no se trata de una queja o de un escrito para perder la esperanza. Es un llamado a darnos cuenta de la magia que ocurre en los escenarios cuando tenemos eventos como estos. Cuando podemos ver a bandas como Portishead en el mismo escenario de una banda como The Strokes o Mogwai. Una banda de Trip-Hop, otra de Garage Rock y una de Post-Rock. La magia de mezclar los géneros y poder ver en el escenario a los artistas es algo que nos da energía. En mi caso me da esperanza, me revitaliza, le da sentido a mis días. Muchos estamos en la situación de ver con añoranza esos días en los que podíamos ir desde que despertábamos hasta que dormíamos a escuchar viejos conocidos y nuevos descubrimientos.


No sé si estoy sólo en este sentimiento pero lo voy a compartir. Uno de los momentos más importantes de mi vida es cuando tuve la oportunidad de ver a Sigur Rös en vivo. El ambiente, la gente prestando atención, el sentimiento de que lograba sacar este grupo inglés con sus instrumentos llegó a un punto en el que pensé: “puedo morir ahora y sería feliz”. Sé que suena exagerado pero es uno de los puntos más importantes de mi vida, a nivel artístico y en cómo podemos llegar a conectar con una banda.


¿Tienes una experiencia similar con una banda?


No importa si es en un festival o en un concierto completo de una sola banda en la que abren un par de actos. El estar cerca de la fuente en donde se producen estos sonidos increíbles es una experiencia que hace falta. Hay un enorme vacío que espero regrese lo antes posible. Tengo la esperanza de que así sea pero la veo un poco lejana en este momento. Las principales productoras de eventos masivos están desmantelando sus operaciones y tomará tiempo poder retomarlo. Regresaremos a eventos más pequeños. Probablemente a la época en donde íbamos a bares a ver a bandas y a festivales pequeños.


Eventualmente regresarán. Pero por el momento vale la pena estar agradecidos por algo que tomábamos por sentado. Pensar que en este momento no puedes planear ir a ningún festival en todo el 2021 da un espacio para darnos cuenta de lo afortunados que somos de poder ver a artistas en vivo. De poder estar cerca de tus expositores de arte sonoro.


Algo que me ha sorprendido es ver los esfuerzos de los artistas por tener su evento en vivo a través de “streaming”. Decir que no es lo mismo es lógico pero esperar que ese es el futuro de la música en vivo no es viable. La música en vivo no ha muerto, está en una pausa y durante esta pausa podemos reflexionar sobre qué bandas nos gustaría ver porque definitivamente nada sustituye estar cerca del bajo a todo volumen con las vibraciones de las personas y las bandas.


Extrañamos a las bandas, extrañamos los festivales, extrañamos la música a todo volumen y la energía de toda la gente alrededor de esto. Fue como desmantelar una tribu pero la esperanza es lo último en irse. Eventualmente podremos volver a vivir estos festivales y al hacerlo, hay que recordar estar agradecidos de poder hacerlo. Mientras tanto, descubramos nueva música, celebremos la música que ha salido y apoyemos a los artistas, con mercancía sobre todo (considerando lo poco que reciben de los servicios de streaming.


Por ahora, nos podemos hacer dos preguntas para que recuerdes buenos tiempos y esperemos que pronto regresemos a poder ver a los artistas en el escenario en frente de miles de personas (es increíble pensar lo lejano que suena). Mis preguntas a ti son:

¿Qué festival extrañas? y ¿Cuál fue tu festival favorito?