Review: Tame Impala - The Slow Rush


Review: Rodrigo Buenfil


Tras una gira que se extendió por más de cuatro años, en la que visitaron México dos veces y se presentaron en diferentes festivales alrededor del mundo, y un álbum que marcó un antes y un después en su carrera; el 14 de febrero del 2020 Tame Impala estrenó The Slow Rush, un material producido por el mismísimo Kevin Parker en el que comenta de la relación del tiempo y otros fenómenos relacionados con el mismo a través de sus letras. Pero en este, que es el cuarto álbum de la banda, parece que Tame Impala hizo un tributo a sí mismo. Un tributo mediocre. Un año después visitamos de nuevo el álbum “The Slow Rush”.

Lo malo:


Desde el inicio, Kevin Parker tenía claro que tenía un estilo a desarrollar. Un sonido aislado, claustrofóbico pero de alguna forma creaba un mantra. Lleno de sónicos que eventualmente se convirtieron en característicos de Tame Impala. Como dice una de sus canciones que lo lanzó a la fama, se sentía como que ibas al revés. Parker tiene la habilidad de crear música que hipnotiza, nos deja en un lugar abstracto que quieres visitar. Sin realmente ser un genio con sus letras, lograba que todo el peso de su música se vaya hacia crear sonidos que se sentían enormes, relevantes… trascendentes. Para los amantes de la psicodelia, habían encontrado al nuevo artista que tenía la antorcha psicodélica. The Slow Rush me hizo dudar de todo lo que había pensado acerca de Tame Impala. Las canciones parecían ser una parodia de ellos mismos (o de él mismo). No conectaron al escucharlas en su lanzamiento y un año después puedo decir que nunca conectaron. El tema principal de este álbum va alrededor del tiempo, de una crisis existencial constante. Pero la sustancia musical no está ahí. Este álbum le tomó a Parker mucho tiempo perfeccionar, no sentía que estaba listo y se tomó varios meses más para darle diversos tweaks. Al final resultó ser víctima del peor enemigo de muchos artistas. El enemigo llamado “deadline”. No es para confundirse, el álbum está lleno de detalles, cambios y una delicadeza en la manera de formular los tracks. Pero quedó lejos de ser un paso adelante de “Currents”.


Cuando nos volvemos fans o seguidores de un artista tendemos a darle más oportunidades. Fue lo que hice, lo escuché una y otra vez para “agarrarle”. Quería culparme a mí mismo, probablemente se trataba de mi humor o cualquier otro pretexto que quise inventar. No era eso, simplemente no conectó conmigo. Al preguntar a otros seguidores de la banda me comentaban que estaba creciendo su gusto por el álbum pero no les había encantado al inicio. No importaba cuántas oportunidades le di a “The Slow Rush”, lo escuché gris, muerto. Sin mucho color y se convirtió en un álbum que probablemente olvidaremos dentro de su discografía. Imagino la presión que debe existir después de una obra maestra como “Currents”, es complejo replicar un álbum casi perfecto. Los seguidores querían más del Tame Impala que avanzaba a pasos agigantados, no de un Kevin Parker que dio pasos hacia atrás. Sin darse cuenta, sus canciones comenzaron a sonar como parodias de él mismo. Entiendo que el tiempo suele ser el mejor juez para el arte pero no veo ningún tipo de reacción que valga la pena hacer notar de su último disco. Ya pasó un año. ¿Podemos admitir que The Slow Rush es un álbum mediocre?


Vale la pena mencionar: El track “Instant Destiny” se siente atrapada mucho tiempo hasta que de pronto la liberan, una forma diferente para decir que no es buena hasta llegar a la parte interesante. Las canciones “Posthumous Forgiveness” y “Tomorrow’s Dust” se sienten más largas de lo que deberían estar, extendiendo por extender con compases innecesarios. “Lost in Yesterday” es una canción que parece que ya has escuchado muchas veces… Pero pasa desde la primera vez que la escuchas (un sentimiento bastante extraño). En otras palabras, “Lost In Yesterday” es una canción que se siente familiar y conocida sin ser memorable o extraordinaria.


Conclusión: 2/5


Puede ser que en vivo este álbum sea de los mejores, no tuvimos la oportunidad de ver el performance en un escenario. La posibilidad está abierta a que se trate de un trabajo sólido para festivales o estadios pero ahí está el punto principal… Tame Impala no se trataba de un proyecto de “stadium rock” o “festivalera”, era mucho más. Parker buscaba algo más profundo de lo que logró en este disco, esperemos haya sido un tropiezo. Probablemente necesite un cambio radical para su siguiente lanzamiento. Ahí veremos la dirección de este proyecto, depende de Kevin Parker. ¿Quiere conservar el estilo y la fama o ser el artista psicodélico que lleve la antorcha?


Para el siguiente sería bueno que se tome su tiempo, que no le tema al deadline. Confío que encontrará un antídoto contra el caos de sónicos auditivos que tuvo con “The Slow Rush”. Un trabajo que un año después podemos decir que no es malo, simplemente es mediocre.